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Ya se habían visto antes envases comestibles como aquel recipiente para hamburguesas hecho de almidón de maíz. Su éxito fue más bien efímero por su falta de sabor y una apariencia más bien poco apetecible. La diseñadora Diane Leclair Bisson ha reinventado estos envoltorios haciéndolos más prácticos con el fin de que su utilidad no comprometa al paladar. Sus recipientes crujientes son capaces de contener la comida incluso caliente y sirven de acompañante a los alimentos que contienen. Ha trabajado con diferentes tipos de frutas, verduras, legumbres y harinas sin recurrir a colorantes y aditivos artificiales.

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Estos diseños la han aupado a ganar el primer premio de la categoría dedicada al diseño de comida de la revista Core77 en su edición 2012. Su inspiración han sido las técnicas naturales que desde siempre se han utilizado como hojas de plantas y rodajas de pan como soportes para el alimento.

De momento sus invenciones están pensadas para compañías de catering y puestos callejeros dónde el derroche de estos recipientes es cuantioso. Como ella misma explica: “Es una invitación para reflexionar sobre el consumo excesivo y su impacto sobre la contaminación global”.